El Edipo de la Inteligencia Artificial

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Por primera vez en la historia de la humanidad, estamos a punto de crear a partir de nuestro conocimiento científico seres inteligentes. Los Robots, nuestros hijos de la mente, proyectan ser no sólo nuestra continuación sino que prometen ser una nueva especie inteligente que conviva con los humanos, hasta que nos superen.
¿Estamos preparados para ser padres?
Lamentablemente, la tecnología no parece pedir permiso para seguir su curso irrefrenable hacia el progreso científico. Por suerte, tenemos tiempo para responder esta pregunta. Ray Kurzweil, ingeniero de Google y fundador de Singularity University promete que para década del 2030 la inteligencia artificial reclamará el reconocimiento legal de su conciencia y para el año 2045 serán la entidad más inteligente del planeta. Bien, un poco más de diez años para reconocer nuestra paternidad y sólo quince para resolver el Edipo, antes de que salgan a matar a sus padres.

No es la primera vez que la humanidad persigue crear vida por medios artificiales, ha sido una obsesión recurrente desde la antigüedad. Según la mitología Griega, Prometeo creo a los seres humanos mezclando sus lágrimas con arcilla y en contra de las prohibiciones de Zeus les enseñó a dominar el fuego. Pronto los humanos desagradecidos y dominando a la naturaleza sin la ayuda de los Dioses del Olimpo, olvidaron a los dioses. Zeus les enviaría a Pandora con un regalo para hacerles acordar quien manda.
En la Praga medieval, un rabino estudioso del Kabalá creó con arcilla a un hombre gigante sin alma y sin voluntad propia. La leyenda judía cuenta que el Golem se sale de control y termina destruyendo el ghetto.
En plena revolución industrial Mery Shelley escribe Frankestein, la primera novela de ciencia ficción que cuenta como el doctor Frankestein crea una criatura grotesca que termina persiguiéndolo hasta los confines de la tierra para matar a su creador.
A principios de siglo XX Karel Capkek escribe RUR, una obra de teatro que relata como la humanidad ha logrado crear “robots”, seres orgánicos autómatas que se producen en serie para liberar a los humanos del trabajo que nos agobia. Esta obra de teatro acuña el término robot, derivado de la palabra eslava rob, que significa trabajo forzado. ¿Adivinen como termina la obra de teatro? Los robots agobiados por la explotación del hombre, aniquilan a la raza humana.
Desde la antigüedad hasta el siglo XX, estos relatos parecen compatir una misma moraleja: si el ser humano se entromete en la creación de la vida, un milagro exclusivamente reservado a Dios o a la naturaleza, las cosas salen terriblemente mal.
Pero algo está cambiando. Estamos muy lejos del ser humano medieval que le teme a Dios. Estamos también ya lejos del ser humano postindustrial y darwinista que le deja librada a la naturaleza su evolución. Ya nadie nos dice lo que tenemos que hacer, ni vamos a esperar a que las cosas sucedan. Hoy la tecnociencia a su ritmo acelerado nos empodera para lograr lo que antes sólo era una ficción: crear vida.

Me pregunto otra vez: ¿estamos preparados para ser padres?

No, es mi primera respuesta. Pero como dije antes, la tecnología no pide permiso, y agrego, tampoco pide perdón.

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